sábado, 26 de enero de 2019

¡Liberad el guion!

Estás acostado en cama, antes de dormir. O tal vez estás lavando los platos, dando un paseo, o viendo una peli. El caso es que de repente, llega la idea. Esa bombilla que se te enciende y que llena tu cabeza de imágenes flotando alrededor de un argumento en pañales. Luego, con más calma, empiezas a ordenarlas en tu cuaderno u ordenador, y consigues dar forma al proyecto de un futuro tebeo.

Ahora viene una de las partes más complicadas para un guionista de cómic: encontrar al compañero o compañera de viaje que convierta en dibujos tus letras. A veces tiras de gente que ya conoces, otras te arriesgas a proponer la historia a algún artista de tu gusto. El caso es que, con suerte, ese dibujante dice sí. ¡Genial! ¡El proyecto saldrá adelante y en algún momento se convertirá en un tebeo! O eso es lo que crees…

Pocas cosas hay más frustrantes que desarrollar un guion, encontrar un dibujante, y darte cuenta de que el tiempo pasa sin que haya avance alguno. Has dedicado muchas horas a pensar, investigar, leer, escribir y reescribir, pero parece que esa idea tan ilusionante se va a quedar en un cajón porque los meses pasan, y las páginas no llegan. Cada cierto tiempo, no sin culpa, uno intenta preguntar cómo va la cosa, si hay algún paso adelante, si se necesita algo de ti… y a menudo la respuesta es que todo va bien, que en algún momento todo empezará a arrancar y las páginas llegarán a chorros. Que tengamos algo de paciencia.

Yo, que también he sido dibujante, sé que meterse en un proyecto de novela gráfica es un viaje largo y lleno de obstáculos, cuya meta no siempre ofrece la recompensa merecida, por eso entiendo perfectamente que un dibujante se retrase, o incluso tenga que abandonar el equipo para centrarse en tareas que den más dinero. Nunca me parecerá mal que alguien abandone por estas u otras razones. Esto hay que dejarlo claro, porque aquí no se puede exigir. Nadie es jefe de nadie. Es un equipo, una sociedad donde cada cual debería aportar sus ideas y absorber las del otro en igualdad de condiciones.

El caso es que, por mucho que efectivamente el trabajo del dibujante requiera más dedicación y esfuerzo, uno pone mucha ilusión en sus proyectos, y es realmente decepcionante pensar que todo ese trabajo se va a quedar sin nada. Al final pasa el tiempo, la ilusión desaparece, y los proyectos se diluyen como principios activos en medicamentos homeopáticos. Uno se cansa de preguntar, hasta se siente mal al hacerlo, así que no es extraño que se centre en otros trabajos que sí avanzan, y acabe olvidando esos otros en algún cajón perdido de su escritorio, o alguna carpeta furtiva de su disco duro.

A mí me ha llegado a pasar, y por lo que he leído no soy el único, que el dibujante quiera que yo plasme en forma de guion alguna idea suya. Y lo he hecho. 100 páginas de historia, con todo el esfuerzo que eso conlleva, que luego el dibujante jamás ha empezado. Este caso es más delicado todavía, porque al no ser la historia enteramente tuya, no tienes la posibilidad de que otro artista le de vida.

Como decía antes, entiendo perfectamente que vivir del dibujo es duro, que una novela gráfica es una tarea que lleva años y que no siempre está bien remunerada, y que muchas veces uno tiene que compatibilizar esos proyectos con otros más productivos. Por eso, es totalmente comprensible que un dibujante tenga que abandonar en algún momento.

Lo que los guionistas necesitamos es simplemente saber que ese momento ha llegado. Que el dibujante no puede hacerse cargo de esa historia y la dejará libre para que otro se haga cargo de ella.

Entiendo que eso no es fácil, porque uno se encariña con los protagonistas y su historia, pero lo mejor que se puede hacer por esos personajes, es que vivan sus aventuras de la mano de alguien que pueda dedicarles el tiempo que merecen.

Por eso, mi llamamiento es a aquellos dibujantes que mantienen atascados y siguen encadenados a proyectos que no pueden sacar adelante. Por favor, liberadlos. Estoy seguro de que los guionistas no solo no se enfadarán por ello, sino que lo agradecerán enormemente. Y también lo harán los nuevos dibujantes que conviertan esos guiones en grandes tebeos; y sobre todo, los lectores que disfruten de ellos.

Articulo escrito originalmente para Escribiendo Cómics.

jueves, 17 de enero de 2019

Marie Kondo y el amor por lo efímero

En los últimos días, una nueva polémica ha hecho "arder las redes" (ojo a lo rápido que se ha vuelto rancia esa expresión). Me refiero a la opinión de la youtuber e influencer japonesa Marie Kondo, al respecto de cuántos libros se deberían tener en una biblioteca casera: No más de 30 ejemplares, según la nipona.

Por si alguien no la conoce, la Kondo se ha hecho famosa por sus consejos sobre cómo ordenar correctamente todos los elementos de una casa, desde la ropa hasta la vajilla, pasando por el material de oficina, las herramientas, la despensa y -por supuesto-, la biblioteca.

¡A la carga!

Los internautas, muchos de ellos sin conocer lo que hace Kondo, se han lanzado a su cuello sin pensarlo dos veces. Sacando de contexto su afirmación, muchos la han acusado de inculta, o de frívola, y han echado mano del manido recurso de hacer mención a su actividad como creadora de contenido para desacreditarla. Si usa Instagram y Youtube, debe ser una ignorante.

El caso es que Marie Kondo ha resultado ser una empresaria muy capaz. Ha creado un imperio alrededor de sus libros, y su modo de vida ha ayudado e inspirado a mucha gente. Podemos decir que el orden no es para nosotros, o que sus libros son demasiado filosóficos, pretenciosos, o pedantes, pero desde luego tacharla de inculta es un atrevimiento. A diferencia de algunas y algunos influencers patrios que viven del patrocinio de marcas de moda y que carecen de aspiraciones vitales, la japonesa tiene su carrera universitaria, sus inquietudes culturales y filosóficas, y (aunque no estemos de acuerdo o no nos guste), un mensaje. Su método puede no ser del agrado de muchos, pero funciona. Sirve para tener todo más ordenado, ayuda a gestionar el espacio, y nos puede llegar a hacer la vida más fácil en algunos aspectos. No es para todos, obviamente, pero al menos no es Osho o Coelho. 

He venido a hablar de mi libro.

Eso, volvamos al tema de los libros. Kondo recomendaba, como decíamos, no guardar más de 30. Para mí, como para la mayoría de la gente occidental, eso es imposible. A todos nos gusta tener una biblioteca amplia, y estamos en mayor o menor medida obsesionados por coleccionarlos. A veces incluso tenemos una buena pila sin leer, y aun así nos empeñamos en seguir comprando. Lo admito, no podría vivir con 30 libros, ni siquiera con 130. Ahora bien, ¿tener solo una balda llena, en lugar de toda la estantería, es sinónimo de incultura?

La mayoría de nosotros, no relee a menudo más de una docena de libros. Contad los que habéis leído más de 2 veces en los últimos 5 años, y probablemente no sean demasiados. A veces, queremos tener libros en parte para disfrutar del mero hecho de poseerlos.

Pero ¿se puede leer a menudo, sin poseer una biblioteca inmensa? Por supuesto. Tenemos bibliotecas en nuestras ciudades deseando ser visitadas. Tenemos e-books a buen precio (aunque todavía no demasiado bueno), que podemos leer sin tener que hacer sitio en la estantería. Si queremos cultura, no necesitamos acumular. Podemos leer todos los días sin necesidad de comprar, y además, el Amazonas nos lo agradecerá. Llegará el momento en que, igual que ocurre con la música o el cine, se acumularán menos obras en formato físico. Es la evolución natural de toda forma de cultura, y a la literatura le llegará el momento. 

La belleza de lo efímero.

No debemos olvidar que Marie Kondo es japonesa. Eso es importante, porque gran parte de su filosofía está relacionada con la idiosincrasia nipona. Japón es un país tremendamente capitalista, pero todavía conserva el amor por lo efímero de su cultura ancestral. Los japoneses, a diferencia de lo que ocurre con europeos y americanos, no sienten el mismo apego por lo material que nosotros, al menos en lo relativo a la cultura y el arte. El templo de Ise, uno de los edificios shintoistas más importantes del mundo, es destruido cada 20 años y se vuelve a construir exactamente igual justo después, en el mismo lugar. Para nosotros puede parecer una aberración, pero para los japoneses, la esencia del templo es la misma, y la antigüedad de sus materiales es irrelevante, y pueden ser sustituidos sin que el monumento pierda valor alguno.

Lo mismo pasa con el manga. Mientras que en Estados Unidos y sobre todo Europa, el cómic es un artículo de coleccionismo, en Japón es un objeto de usar y tirar. El japonés compra el manga, lo lee, y lo tira a la basura. Sí, se hacen ediciones de coleccionista, y algunos conservan sus historias más queridas, pero desde luego, su manera de consumir cómic es muy diferente a la nuestra.

Podríamos poner muchos más ejemplos de admiración japonesa por lo efímero; desde el festival de contemplación del cerezo, hasta el ukiyo-e. Antiguamente, incluso la propia vida era algo que perdía importancia al lado del honor, y si había que abandonar la existencia para quedar bien ante el daimyo en cuestión, se metía uno el wakizashi en las tripas y a otra cosa.

Marie Kondo es una escritora y empresaria que ha creado un método para ordenar las casas de la gente. Ni más, ni menos. Si te interesa, puede que sus consejos te ayuden. Si no, seguramente tu vida siga igual y tú seas tan feliz como siempre. Pero desde luego, atacarla por una frase sacada de contexto es tan absurdo como pensar que tener miles de libros en casa ya te convierte en un intelectual.