Sobre la Ley Sinde, las Descargas "Ilegales", y el libre acceso a la cultura.

Ríos de tinta han corrido ya sobre la Ley Sinde. Muchísimos argumentos a favor, y otros tantos en contra, para apoyar o atacar a una ley que desde luego ha removido los ánimos tanto en la red como en la calle. Desde Zombess no suelo hablar sobre temas políticos, y nunca he escrito un artículo de este estilo entre otras cosas porque esto es un webcómic y no un blog de opinión. Sin embargo en esta ocasión me encuentro con ánimos para escribir, sobre todo porque creo que como autor es un tema que me afecta. (Mi época como creador remunerado de cómic ha sido breve, pero al menos ha existido)

La ley

Probablemente uno de los puntos más conflictivos de la ley es la que hace referencia a la dichosa Comisión de Propiedad Intelectual, dependiente de Cultura, que será la que analice la web en cuestión y la derive hacia la Audiencia Nacional que, en caso de incumplir la nueva normativa, decretará el cierre provisional del sitio.

Esta normativa pretende cerrar aquellas webs que puedan contener enlaces que lleven al usuario a descargarse algún contenido con Copyright. Han sido ya muchas las denuncias que los jueces han desestimado, por no considerar que exista ningún tipo de ánimo de lucro en compartir enlaces para descargarse cualquier tipo de contenido.

¿Qué está haciendo el gobierno? Pues básicamente ceder ante la presión de la SGAE y de gran parte de la industria, creando una ley injusta que criminaliza al usuario que descarga contenidos (Contenidos por los que ya pagamos un disparatado y a todas luces injusto cánon, aunque esto sea otra triste historia) o lo que es lo mismo, si no me gusta lo que dice la ley, procuraré saltármela hasta donde me sea posible para favorecer mis intereses personales... y los de mis amiguitos.

Crear una comisión compuesta por representantes de las principales marcas de automóviles para que de forma sumaria detengan y encarcelen a los ladrones de coches hasta que un juez decida qué hacer con ellos, sería una analogía totalmente válida para lo que pretende hacer la Ley Sinde. Suena tremendamente injusto, e incluso digno de una dictadura bananera, ¿verdad?

¡Compartir no es delito!

Lo han dicho en multitud de ocasiones infinidad de jueces, y esto es lo que pretende cambiar el Gobierno y parte de la industria. Compartir no es ilegal. No lo es y no debería serlo nunca, de hecho nunca lo ha sido hasta ahora a pesar de que todo el mundo ha copiado casettes, o grabado canciones de la radio. En los 80 y los 90 todos teníamos nuestras viejas cintas grabadas una y otra y otra vez, y a nadie parecía importarle demasiado. Apenas recuerdo tener ni siquiera media docena de cintas VHS originales, al lado de los más de 50 dvds que hay en mi estantería. Pero lo que pretendo no es dar una lección de “historia de la piratería”.

Imaginemos el siguiente caso: Mi amigo Perico y yo compramos un CD a medias en 1999. Como no tenemos mucha pasta, juntamos la de ambos y nos cogemos el último disco de Rammstein. Como tenemos el derecho de hacer todas las copias que nos salga del rabo (Al fin y al cabo el CD es NUESTRO), siempre y cuando –ojo- no saquemos ningún beneficio de ello; decidimos hacer 2 copias para nosotros mismos. Mi amigo Mamerto me pide una de esas copias para escuchar el disco. Se la dejo. Que alguien me diga dónde está el delito.

Ya lo digo yo: En ninguna parte. No hay delito en coger algo que nos pertenece y compartirlo con nuestros amigos. Ni ese CD, ni unas películas que hace tiempo teníamos tiradas en nuestro cuarto, ni absolutamente nada, siempre y cuando- repito por si acaso- no obtengamos ningún beneficio de ello (Esta es la diferencia principal con el siempre censurable top manta)
Desde 1999, esa copia del CD que yo presté a mis amigos, fue pasando de unos a otros, hasta que 10 años después volvió a mis manos. Ninguno de los 20 amigos que escucharon ese CD cometió delito alguno por escucharlo, ni desde luego yo por haberlo prestado. Si criminalizamos el hecho de compartir sin ánimo de lucro la cultura, no debería de ser legal prestarnos libros, ni tan siquiera dejar a mi compañero un auricular para que escuche esta canción que llevo en mi ipod. Cada uno de nosotros tendríamos una reducida biblioteca/filmoteca/discoteca a la que solamente tendríamos acceso de forma individual.

Más o menos, eso es lo que pasa cuando dejo música en mi carpeta del emule. Si comparto lo que tengo, no soy un delincuente; aunque esos mp3 que descansan en mi disco duro no hayan sido comprados. ¿Es esto justo? Podriamos debatirlo. ¿Es ilegal? Para nada.

¡Ay, que se acaba la música!

¡Ay qué miedo, que se va a acabar la música! ¡Se va al garete la cultura! Yaaaaa, claro, claro.

Echémosle un vistazo a sitios como myspace. 18 millones y pico de miembros, y un rincón de encuentro para bandas amateur. Son cientos de miles los grupos que se dan a conocer a través de esta red social , y la mayor parte de ellos lo hacen desde el total anonimato. Multitud de personas que aman la música se unen a través de internet para compartir sus gustos y experiencias.

La gente hace música porque ama la música, y eso será así siempre. Nunca antes en ningún otro momento de la historia ha habido tantísimos estilos musicales diferentes con tan diversas influencias, tantísimos estilos y subestilos distintos, tantísimas tribus urbanas escuchando a sus grupos preferidos. Es evidente para cualquiera a quien le guste la música, que ésta no solo no está muriendo, sino que está atravesando un momento dulce. ¿Qué la industria discográfica está desapareciendo? Ah, amigo, pero eso es otra cosa. Si las grandes compañías están sufriendo (algo que todavía no tengo muy claro), esto es algo que a la música como concepto gobal le va a traer sin cuidado. Ya había música antes de que existiera la industria, y seguirá habiéndola cuando por fin ésta desaparezca, si llega el día.

Altruismo internetero

Como ya dije, nunca antes hubo tanta música distinta donde elegir, y lo más importante, nunca antes una persona, un músico o un aficionado, tuvo la oportunidad de escuchar cualquier disco de cualquier artista en cualquier momento.

Cuando éramos pequeños escuchábamos la música que nos ponían en la radio, y si se nos daba por investigar, a lo mejor podíamos descubrir algunos grupos un poco menos “comerciales”. Comprábamos la revistita de heavy metal para estar al día de los grupos más cañeros , charlábamos con nuestros amigos de las bandas más a la última… y así íbamos tirando. Hoy día, un chaval de 13 años que escucha un grupo de rock en la tele tiene la posibilidad, después de preguntarse cuál será el origen de eso que llaman rock; de utilizar la red para descargarse la discografía de los grandes pioneros de este estilo. Tal vez bajarse algo de Elvis o de Johnny Cash, o explorar a Chuck Berry y Little Richard… Puede que más adelante se interese por el blues o el jazz, o adquiera toneladas de discos de country y de góspel. O quién sabe, a lo mejor tira por algo más actual y se hace fan del metal más cañero… Sea como fuere, lo que antes a uno le costaba muchas horas de peregrinación a través de cientos de tiendas de discos de segunda mano, hoy puede hacerse en cuestión de minutos. Y eso se traduce ni más ni menos que en una mayor cultura musical. A diferencia de hace unos años, si hoy alguien nos habla del death metal sueco, en una semanita podemos tener un CD grabadito con los grandes éxitos del metal nórdico y ponernos al día sin mayor dificultad.

Del mismo modo, gracias a las redes sociales, una banda que empieza tiene la posibilidad de aprender como nunca antes pudo hacerlo. Comunicarse con otras bandas principiantes, participar en foros, descargarse tablaturas, programas, y cursos con los que facilitar su aprendizaje, etc…

¡Y no solo en eso beneficia internet a las bandas que empiezan! Me hace mucha gracia escuchar al señor Alejandro Sanz, por poner un ejemplo que todos conocemos, diciendo que la música y los artistas están amenazados por culpa de las descargas. Si uno tiene la posibilidad de hablar con gente del mundillo, se dará cuenta de las bandas que comienzan suelen apoyar mucho más las descargas libres de música, de lo que lo hacen artistas consagrados y (por qué no decirlo) millonarios, como el Sr. Sanz, o los malogrados Metallica.

Desde luego, habiendo como hay tantísimos grupos diferentes, una buena promoción es fundamental. Si una banda que empieza es muy descargada, sin duda se comenzará a hablar de ella en la red. Probablemente podrán empezar a formarse un nombre, hacer conciertos cada vez más importantes, y tal vez algún día llenar salas y empezar a ganar dinero de verdad con su música. (Quién no ha oído eso de que “los grupos donde realmente ganan pasta es en los conciertos”)

Hay quien dice que “cada vez es más difícil ganarse la vida con esto de la música”, y aunque puede que tengan razón, dudo que la culpa sea de internet ni de las descargas, sino precisamente de la brutal cantidad de oferta que hoy día tenemos gracias precisamente a nuestro querido megaupload. ¿Acaso es mejor que el pastel se lo repartan solamente los 5 peces gordos de siempre?

Esfuerzo de muchos

El ser humano es un animal consumista. Y es por eso que la gente no va a dejar de seguir comprando cultura, por mucho que se pueda acceder a la misma de forma gratuita. Personalmente, yo veo montones de películas a lo largo del año, pero la mayor parte de ellas no son pelis que me gustaría tener físicamente en mi estantería. Sin embargo, sí he comprado otras muchas que de verdad me interesa tener en mi colección. Y no creo que sea un bicho raro, creo que esto le pasa a muchísima más gente… ¿O me equivoco?

Echémosle un vistazo por ejemplo a esos packs que recopilan todas las temporadas de nuestras series preferidas. ¿Por qué la gente se compra los DVDs de la serie Perdidos, si han podido verla en la tele totalmente gratis? Por lo mismo que yo tengo mi colección de cine Zombi original, aun pudiendo tenerla en un Verbatim y con una carátula escaneada. La gente colecciona, compra, gasta. Y no va a dejar de hacerlo. Internet está para disfrutar de TODO lo que no nos interesa comprar, pero queremos consumir. ¡Sin ir más lejos, yo soy muy aficionado a los cómics, y aun teniendo todos los tebeos del mundo en la red, no creo que deje jamás de comprar mi ración mensual de papel dibujado!

A quien no le interesa tener pelis originales, no se va a comprar pelis originales, independientemente de que tenga acceso a ellas a través de internet . Del mismo modo, en un mundo sin descargas yo seguiría teniendo el mismo número de DVDs en mi estantería, o tal vez menos, porque mi cultura cinematográfica sería mucho menor y mi interés por según qué cine, nulo.

Miro encima de mi mesa y veo los DVDs originales de Hanzo The Razor, una saga de pelis niponas de los años 70 que me compré en japonés subtitulado al inglés a través de Ebay, y que probablemente jamás habría comprado si no hubiese tenido la posibilidad de empaparme del cine de violencia erótica de aquella década, gracias la mula.

A donde voy es: Mayor acceso libre a la cultura, implica mayor interés por la misma, y cuanto mayor sea ese interés, mayor será la cantidad de dinero invertido ella.
En un universo alternativo sin descargas, Abel Alves no conoce el cine de acción japonés de los 70, y en su casa hay 0 películas de esta temática. En un mundo con descargas, Abel Alves tiene 200 películas descargadas de internet, y unas 15 originales.

¿En cuál de los dos mundos la industria del cine japonés ha recaudado menos dinero?
No creo que sea el único que gasta dinero en sus aficiones. La gente consume cine, música y videojuegos diariamente. Limitar el acceso libre a la cultura sí va a hacer que ésta desaparezca.

Mucha gente dice: “Ah, cuidao, la industria del cine español se hunde porque la gente no va al cine, se descarga las pelis en su casa”. Dejando aparte el hecho de que si la gente no ve más cine español en las salas, es porque no le interesa (Cuando se han sabido crear buenas pelis made in spain, éstas han tenido éxito de sobras), hay que destacar un hecho: No solo de cine español o americano vive el hombre.

Pongo el ejemplo anterior de las pelis de violencia erótica japonesas. Si no fuera por las comunidades de aficionados que comparten este tipo de cine en portales especializados, un españolito medio jamás podría tener acceso a este tipo de películas. Si la ley Sinde finalmente se aprobase, probablemente todos estos portales terminarían por cerrar, y toda esa comunidad de aficionados nos quedaríamos con tres palmos de narices. Sobre todo porque estoy hablando de un género muy minoritario, muy underground. Tanto es así, que hoy día es prácticamente imposible hacerse “legalmente” con la mayoría de los títulos de este género. El único modo es acceder a este tipo de portales, donde desinteresadamente se comparte un tipo de cine al que no se podría llegar de otro modo.

¿Por qué quieren quitarnos el derecho a disfrutar de un material que no podemos conseguir pagando?

¿Por qué quieren mandar al garete el esfuerzo altruista de una comunidad de internautas que dedican horas y horas de su tiempo libre a traducir y colgar en la red series que nunca podremos disfrutar en España?

¿Por qué no se dan cuenta de una vez, de que si la gente se compra las temporadas completas de sus series preferidas, es porque han podido disfrutar de las mismas gracias a internet? (Desde luego, el fenómeno fan de estas series no surge gracias a la penosa política de los canales de televisión española)

¿Alternativas?

Mucha gente argumenta que los internautas no hacen más que quejarse, pero no aportan soluciones. Si uno busca bien, encontrará un montón de buenas ideas por explotar para que los creadores puedan beneficiarse de su trabajo, sin que sea preciso crear leyes absurdas y abusivas.

Un ejemplo es Spotify. Mediante este programa, el usuario tiene acceso a las pistas de varias casas discográficas, tanto multinacionales como independientes, con un listado muy amplio de canciones y álbumes. Spotify ha firmado acuerdos con las discográficas Universal Music, Sony BMG, EMI Music, Hollywood Records y Warner Music entre otras; y por el momento parece que la idea está resultando todo un éxito.

La filosofía Spotify bien se podría aplicar en un futuro al mundo del cine y la TV. El usuario quiere tener acceso inmediato y de calidad a los contenidos, sin tener que ser esclavo de horarios. Poder elegir la serie que a uno le plazca, en el momento que quiera, y con la mejor calidad; podría ser una realidad en el futuro, y desde luego sería una buena alternativa a los odiosos screeners que uno se puede encontrar de forma gratuita en la red. Y no sólo la música y la TV, también la literatura podría sacar partido de este sistema. Hace poco leí la noticia de que se estaba creando un Spotify para libros, con un funcionamiento similar al musical. 24symbols es su nombre, y aunque todavía se encuentra en fase de desarrollo, es posible que no tardemos en tener acceso a nuestros libros preferidos del mismo modo que escuchamos a las bandas que nos flipan.

Siguiendo con el tema de la música, también tenemos el proyecto Apadrina un Artista, que da la posibilidad al usuario de invertir dinero en un artista para que; en caso de que éste triunfe, poder compartir su éxito con él. Una iniciativa que personalmente me parece cojonuda, y que supongo que a la SGAE no le hará ni pizca de gracia.

Y qué decir de la plataforma Steam de videojuegos. Poder adquirir sin moverte de casa títulos de ayer y de hoy a todo tipo de precios ha supuesto una inyección importante para las principales compañías. Porque cada vez más la gente se da cuenta de que el formato físico, el plastiquete y el librito, no son tan valiosos y suponen en muchos casos un engorro (Ocupa espacio, te obliga a tener que ir a la tienda a por él, y puede extraviarse o estropearse) Estos son sólo unos breves ejemplos de cómo es posible avanzar y no estancarse. El mercado cultural debe abrir su mente a nuevas posibilidades, y leyes como la Sinde son solamente muros de contención para la avalancha que supone esta nueva era.

En fin, si habéis llegado hasta aquí os felicito, no pensaba escribir un articulazo tan enorme…. A modo de despedida debo decir que como creador, soy el último interesado en que los autores dejen de recibir beneficios por sus obras. ¡Eso que quede claro!

La conclusión es que, en lugar de criminalizar al usuario que comparte cultura, el Gobierno debería interesarse en apoyar y fomentar otras muchas alternativas.

En fin, muchas gracias por leerme y siento mucho los posibles errores o datos incorrectos que haya podido incluir. Espero vuestros correos y/o comentarios y me despido con un dibujito, que esto es un webcómic:



¡Besos!

Abel Alves.

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